ÚLTIMO MOMENTO 02/11/2026 | 23:31 hs
Diario Okey
🌤️ 18°C Parcialmente nublado San Pedro, Misiones

¿A QUIÉN SE VOTA CUANDO DESAPARECE LA CAMISETA?

El gran interrogante de Misiones rumbo a las elecciones de 2027

¿A QUIÉN SE VOTA CUANDO DESAPARECE LA CAMISETA?

Hay elecciones que se entienden mirando el resultado. Hay otras que necesitan que uno vuelva algunos años atrás para encontrar las razones de lo que está pasando. Y hay elecciones que, antes de empezar, ya plantean una pregunta que va mucho más allá de quién aparece en una boleta.

 

Misiones parece estar entrando en esta última.

 

Porque mientras empiezan a aparecer nombres, nuevos espacios, posibles alianzas y movimientos territoriales de cara a 2027, hay algo que todavía no tiene una respuesta clara: qué pasa con el voto cuando cambia la camiseta política.

 

La pregunta no es solamente quién será candidato a gobernador. Tampoco quién tiene hoy mayor imagen positiva o quién aparece mejor ubicado en una medición. La pregunta es más profunda: cuando una estructura política cambia de nombre, cuando sus dirigentes se separan, cuando aparecen nuevos espacios y cuando algunos dirigentes intentan construir una identidad propia, ¿el votante sigue a la estructura, sigue al dirigente o sigue una relación política construida durante años?

 

Para intentar responderla hay que mirar hacia atrás, detenerse en lo que ocurrió en 2025 y observar con cuidado lo que está sucediendo ahora.

 

Porque quizá la elección de 2027 no vaya a medir solamente quién consigue más votos. También puede mostrar qué parte del voto misionero pertenece realmente a una estructura y qué parte pertenece a las personas que durante años estuvieron al frente de ella.

 

Todavía no hay fecha, pero el proceso ya empezó

 

La fecha de las elecciones provinciales de 2027 todavía no está oficialmente fijada. El Tribunal Electoral de Misiones será parte del proceso de convocatoria y el decreto correspondiente establecerá formalmente el cronograma. Lo que ya está claro es que el próximo año Misiones elegirá gobernador y vice, renovará la Cámara de Representantes y tendrá elecciones municipales.

 

En otras palabras, todavía no sabemos exactamente cuándo será el domingo electoral, pero políticamente el reloj ya empezó a correr.

 

Y eso importa porque el escenario que recibirá a los misioneros no se parece demasiado al que existía apenas unos años atrás. La Renovación continúa siendo una referencia central, pero ya no aparece como una estructura política monolítica. En paralelo surgieron nuevos espacios y denominaciones, mientras La Libertad Avanza profundiza su construcción territorial y otras fuerzas intentan ocupar el lugar que deja una parte del electorado que ya no se identifica necesariamente con las opciones tradicionales.

 

El movimiento es suficientemente importante como para que la pregunta sobre la camiseta deje de ser una metáfora y empiece a convertirse en un problema electoral concreto.

 

El primer dato que puede confundir

 

En septiembre apareció un número capaz de llamar rápidamente la atención: Hugo Passalacqua registró 55,1 % de imagen positiva en Misiones, según la medición de CB Global Data. El relevamiento se realizó entre el 14 y el 18 de septiembre, sobre una muestra total de 24.570 casos para las 24 jurisdicciones, con entre 880 y 1.189 encuestados por provincia. Para Misiones, el gobernador había registrado 52,6 % en julio y 53,4 % en agosto.

 

Es un dato político relevante, pero hay que leerlo por lo que realmente mide.

 

Imagen positiva no es intención de voto.

 

Que una persona tenga una valoración favorable de un gobernador no significa necesariamente que vaya a votar al candidato que ese dirigente apoye. Puede aprobar una gestión y preferir otra opción electoral. Puede tener una buena opinión personal y, al mismo tiempo, querer un cambio. También puede valorar a un dirigente sin sentirse identificado con el espacio político que lo acompaña.

 

La diferencia parece pequeña, pero en una elección puede ser enorme.

 

Lo mismo sucede con Leonardo Stelatto. Las mediciones que lo ubican con altos niveles de imagen corresponden principalmente a su valoración como intendente de Posadas, no a una medición específica de intención de voto para la gobernación. En septiembre, además, comenzó a tomar forma una construcción política propia alrededor de su figura y de Martín Cesino, con la presentación de Unión Independiente (UNI), mientras el futuro electoral de Stelatto continúa abierto.

 

Por eso, transformar cualquiera de esos números de imagen en una supuesta fotografía de las elecciones de 2027 sería ir más allá de lo que dicen los datos.

 

Una encuesta puede mostrar una foto, pero el escenario ya cambió

 

La medición de Zuban Córdoba difundida en agosto sí planteó un escenario de intención de voto para la gobernación. Allí Hugo Passalacqua aparecía con 31,1 %, Diego Hartfield con 22,4 % y Ramón Amarilla con 15,3 %, mientras un 26,9 % permanecía indeciso. La propia medición era una fotografía tomada a varios meses de la elección y antes de que terminaran de definirse las piezas del tablero.

 

Desde entonces hubo movimientos.

 

Hartfield asumió su banca nacional. El PAyS oficializó a Cristian Castro como precandidato a gobernador. Passalacqua avanzó con el Movimiento por lo que Viene y, en paralelo, el espacio de Stelatto y Cesino comenzó a organizarse bajo UNI. La Libertad Avanza continúa con su construcción política provincial.

 

Por eso aquella encuesta sirve como antecedente, pero no como fotografía actual.

 

Y acá aparece un dato que, aunque parezca menor, es importante para cualquier análisis serio: hoy no hay una medición pública reciente, homogénea y metodológicamente comparable que permita poner a todos los posibles protagonistas de 2027 frente a frente y decir cuánto mide electoralmente cada uno.

 

Eso no significa que no haya números.

 

Significa que todavía no tenemos todos los números que necesitaríamos para construir una conclusión sólida.

 

Y reconocer ese vacío es mucho más útil que llenarlo con especulaciones.

 

Para entender 2027 hay que volver a junio de 2025

 

La primera señal fuerte de que algo estaba cambiando apareció en las elecciones provinciales del 8 de junio de 2025.

 

La Renovación obtuvo alrededor del 28,6 % de los votos; La Libertad Avanza quedó cerca del 21,9 % y la lista Por la Vida y los Valores, encabezada por Ramón Amarilla, alcanzó el 19,12 %, con 99.420 votos.

 

El número de Amarilla fue especialmente significativo porque introdujo una tercera fuerza de una dimensión que obligó a mirar de otra manera el comportamiento electoral misionero.

 

Pero hay algo que los porcentajes no pueden explicar por sí solos.

 

¿Qué había detrás de ese 19,12 %?

 

Podía haber identidad política, adhesión personal, malestar, voto de protesta, rechazo a las estructuras tradicionales o una combinación de varios de esos elementos. También puede pensarse, desde una mirada psicosocial, que una parte de ese voto haya expresado una reacción emocional frente al contexto político de ese momento.

 

Pero una hipótesis no debe transformarse en una certeza simplemente porque resulte atractiva.

 

Lo que sí puede observarse es que una elección puede reunir una determinada cantidad de votos alrededor de una coyuntura sin que eso signifique automáticamente que nació una estructura política capaz de repetir ese resultado.

 

Y esa diferencia iba a quedar planteada pocos meses después.

 

Octubre fue la primera prueba

 

El 26 de octubre de 2025 los misioneros volvieron a votar, pero esta vez en una elección nacional para diputados.

 

La Libertad Avanza obtuvo 224.287 votos, equivalentes al 35,73 %, mientras Renovación NEO alcanzó 181.848 votos, el 28,97 %. Diego Hartfield y Maura Gruber ingresaron por LLA y Oscar Herrera Ahuad consiguió la tercera banca para el frente misionerista.

 

El resultado permite observar algo interesante si se lo compara con junio.

 

La Renovación había obtenido alrededor del 28,6 % en la elección provincial y cuatro meses después el espacio que llevó a Herrera Ahuad alcanzó el 28,97 % en la elección nacional.

 

No significa que hayan sido exactamente los mismos votantes. No era la misma elección, no era la misma boleta y tampoco era idéntico el escenario político.

 

Pero el porcentaje resulta llamativo por su estabilidad.

 

Del otro lado, La Libertad Avanza pasó de alrededor del 21,9 % en junio a 35,73 % en octubre.

 

Ahí aparece una pregunta que todavía merece investigación.

 

Herrera Ahuad: ¿Milei, territorio o las dos cosas?

 

El resultado de octubre puede ser leído desde más de una perspectiva.

 

Una explicación apunta al territorio: la posibilidad de que intendentes y estructuras municipales no hayan acompañado con la misma intensidad que en otras elecciones.

 

La otra mira hacia el escenario nacional: la elección de octubre estuvo atravesada por la figura de Javier Milei y La Libertad Avanza consiguió un crecimiento muy importante respecto de junio.

 

No hay elementos suficientes para convertir ninguna de esas hipótesis en explicación exclusiva.

 

Si todo se explicara por una supuesta desmovilización territorial, habría que responder por qué el espacio renovador consiguió mantener un porcentaje prácticamente similar al de junio.

 

Y si todo se explicara por el fenómeno Milei, todavía quedaría por estudiar cuánto de ese crecimiento correspondió a la adhesión nacional a LLA, cuánto a una decisión sobre los candidatos locales y cuánto al desplazamiento de electores que meses antes habían elegido otras opciones.

 

La elección entrega los números.

 

No entrega por sí sola las razones psicológicas, territoriales y políticas que hay detrás de cada voto.

 

Y ahí es donde comienza el verdadero análisis.

 

Una elección no solamente cambia ganadores: también cambia identidades

 

Durante más de dos décadas, la Renovación construyó una identidad política reconocible en Misiones. No fue solamente una boleta. Hubo gobiernos, intendentes, legisladores, militancia, símbolos, relaciones territoriales y una forma particular de construir poder político.

 

Eso genera algo que no aparece fácilmente en una encuesta: memoria.

 

El vecino no recuerda solamente qué prometió un dirigente. También recuerda quién estuvo, quién no estuvo, quién resolvió algo, quién no respondió, quién apareció en una determinada situación y quién forma parte de una historia política conocida.

 

Las identidades políticas se construyen con esas experiencias acumuladas.

 

Por eso, cuando una estructura cambia de nombre o se divide, no necesariamente desaparece aquello que había construido. Pero tampoco existe ninguna garantía de que todo ese capital pueda trasladarse automáticamente a otra boleta.

 

Ahí aparece la diferencia entre estructura y vínculo.

 

Una estructura puede organizar fiscales, intendentes, militantes y recursos.

 

Un vínculo político es otra cosa.

 

Es la relación que un dirigente construyó con personas concretas durante años.

 

Y el gran interrogante es qué sucede cuando ambos dejan de coincidir.

 

El nuevo mapa todavía está en construcción

 

Durante 2026 esa tensión se hizo visible.

 

Passalacqua avanzó con el Movimiento por lo que Viene como espacio propio. La presentación del nuevo armado fue planteada como una nueva etapa política alrededor del gobernador.

 

En paralelo, el escenario alrededor de Leonardo Stelatto y Martín Cesino tomó forma con Unión Independiente. Cesino confirmó públicamente su incorporación a esa construcción y señaló que el espacio todavía estaba en una etapa de formación territorial. También reconoció que la posibilidad de una candidatura de Stelatto a la gobernación forma parte del horizonte político, aunque aclaró que no estaban discutiendo formalmente candidaturas en ese momento.

 

Mientras tanto, el Partido Agrario y Social oficializó la precandidatura de Cristian Castro, con la intención declarada de construir una alternativa tanto al oficialismo provincial como al espacio libertario.

 

Y La Libertad Avanza busca consolidar una estructura propia en la provincia.

 

Es decir, no estamos simplemente ante una elección en la que aparecen nuevos candidatos.

 

Estamos frente a una reorganización de las identidades políticas.

 

Y eso es mucho más difícil de medir.

 

¿Qué pasa cuando el dirigente ya no está en la boleta?

 

Hay una prueba que ninguna encuesta puede resolver completamente.

 

Supongamos que durante años un dirigente construyó una relación fuerte con una comunidad. Tiene conocimiento territorial, conoce a los referentes, estuvo en barrios, acompañó instituciones, participó de actos y desarrolló una historia política que el vecino reconoce.

 

Llega la elección siguiente y ese dirigente no puede ser candidato.

 

Entonces aparece la verdadera pregunta:

 

¿su voto se transfiere?

 

Puede ocurrir que sí.

 

Puede ocurrir que una parte acompañe al sucesor y otra parte busque una alternativa.

 

Puede ocurrir que el electorado se identifique más con la estructura que con la persona.

 

O puede ocurrir exactamente lo contrario: que durante años haya parecido que el voto pertenecía a una estructura cuando, en realidad, una parte importante de ese voto estaba vinculada a determinadas personas.

 

Eso es lo que 2027 puede empezar a mostrar.

 

El territorio vuelve a tener una pregunta para hacerse

 

Durante mucho tiempo, la política misionera fue explicada desde sus estructuras territoriales: intendentes, sublemas, militantes, referentes barriales y relaciones políticas construidas municipio por municipio.

 

La irrupción libertaria introdujo otra lógica. Una identidad nacional puede atravesar municipios y llegar al votante sin necesitar exactamente la misma arquitectura territorial que utilizaron históricamente las fuerzas provinciales.

 

Pero eso tampoco significa que el territorio haya dejado de importar.

 

Los resultados de 2025 muestran un escenario más complejo: hay municipios donde las estructuras tradicionales mantienen peso, otros donde las nuevas fuerzas avanzan y también electorados que modifican su comportamiento dependiendo de si la elección es provincial, nacional o municipal.

 

Eso obliga a abandonar una explicación demasiado sencilla.

 

No alcanza con decir que “la gente vota al candidato”.

 

Tampoco alcanza con decir que “la gente vota al partido”.

 

En muchos casos probablemente vote una mezcla de cosas: una persona, una historia, una identidad, una gestión, una expectativa y una relación territorial.

 

El voto también tiene memoria

 

Desde una mirada psicosocial, hay algo que muchas veces se pierde cuando reducimos una elección a porcentajes.

 

Las personas no llegan a una urna vacías de historia.

 

Llegan con recuerdos, experiencias, conversaciones familiares, opiniones de vecinos, frustraciones, expectativas y vínculos.

 

También llegan con una idea de lo conocido.

 

“Ya sé quién es.”

 

“Ya sé cómo trabaja.”

 

“Ya sé qué puedo esperar.”

 

Pero también puede aparecer la otra lógica:

 

“Ya los conozco y quiero otra cosa.”

 

Entre esas dos posiciones se mueve una parte importante de cualquier sociedad cuando enfrenta un cambio político.

 

Por eso una elección no es solamente una comparación entre candidatos.

 

También puede ser una discusión entre memoria y expectativa.

 

Entre lo conocido y lo nuevo.

 

Entre la seguridad de una identidad anterior y la posibilidad de construir otra.

 

Misiones 2027 puede convertirse en una prueba que va mucho más allá de una candidatura

 

Por eso, mirar hoy quién aparece primero en una encuesta puede ser menos interesante que observar qué está ocurriendo con las estructuras.

 

La pregunta de fondo no es solamente quién será candidato.

 

Es quién consigue construir una identidad que sobreviva a la campaña.

 

Quién logra que un espacio político sea reconocible para alguien que no pertenece a la política.

 

Quién consigue transformar un nombre en una referencia.

 

Quién puede convertir una estructura en pertenencia.

 

Y quién puede demostrar que el voto que alguna vez pareció propio no dependía exclusivamente de una persona.

 

Porque una cosa es ganar una elección.

 

Otra, bastante más difícil, es construir una identidad capaz de sobrevivir al dirigente que la creó.

 

Y ahí aparece el verdadero interrogante de 2027

 

Hoy no sería serio afirmar quién tiene asegurado determinado porcentaje.

 

Tampoco convertir una encuesta de imagen en intención de voto, tomar una medición de hace algunos meses como si fuera actual o asumir que el resultado de 2025 se repetirá en 2027.

 

El escenario todavía está abierto y las candidaturas no están completamente definidas.

 

Pero sí existen antecedentes suficientes para hacer una pregunta.

 

En 2025, Misiones mostró que una fuerza nacional podía crecer con rapidez y que una tercera expresión podía alcanzar casi una quinta parte de los votos provinciales. En octubre, La Libertad Avanza dio otro salto y la Renovación conservó un porcentaje muy similar al obtenido meses antes. Durante 2026, mientras tanto, las estructuras comenzaron a reorganizarse y algunos dirigentes que durante años compartieron espacio empezaron a construir caminos propios.

 

Todo eso forma parte de una misma historia.

 

Y quizás por eso la pregunta más interesante de cara a 2027 no sea quién va a ganar.

 

Todavía nadie puede responder seriamente eso.

 

La pregunta es más incómoda y, probablemente, mucho más reveladora:

 

¿A quién se vota cuando desaparece la camiseta?

 

Porque cuando cambian los nombres, se dividen las estructuras y aparecen nuevos jugadores, recién entonces puede descubrirse cuánto pesaba realmente la camiseta y cuánto pesaba el jugador.

 

Y esa respuesta no la va a dar una encuesta.

 

La van a dar los votos.