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Cataratas del Iguazú: ¿vale la pena arriesgar vidas para salvar pasarelas?

Las imágenes de operarios desmontando barandas en medio de una crecida extraordinaria del río abren un interrogante que va más allá de la explicación técnica: ¿se puede proteger la infraestructura sin exponer a los trabajadores a semejante peligro?

Cataratas del Iguazú: ¿vale la pena arriesgar vidas para salvar pasarelas?

Las imágenes impactan. Operarios desmontando las rejas metálicas de las pasarelas de las Cataratas del Iguazú, con una corriente que impresiona por su fuerza y deja en evidencia la magnitud de la crecida. La escena genera una pregunta inmediata: ¿por qué se realizan estas tareas y hasta qué punto se justifica el riesgo que implican?

 

La explicación oficial es que no se trata simplemente de salvar unos hierros. La concesionaria Urbia+Cataratas informó que el retiro de las rejas forma parte de un protocolo preventivo para permitir el paso del agua y reducir la presión sobre la estructura. El martes 13 de octubre, el caudal llegó a los 10,5 millones de litros por segundo, después de alcanzar un pico de 11,8 millones el día anterior. Incluso se preveía que pudiera llegar a los 13 millones.

 

La medida tiene una lógica técnica: cuando el agua aumenta de manera extraordinaria, las barandas y otros elementos pueden ofrecer resistencia a la corriente y recibir el impacto de materiales arrastrados por el río. Retirarlos preventivamente puede evitar daños mayores y facilitar la recuperación de la infraestructura cuando las condiciones mejoren.

 

Pero entender esa explicación no significa que debamos dejar de hacernos preguntas.

 

¿Y qué pasa con quienes realizan el trabajo?

 

Al observar los videos, la preocupación no pasa solamente por las pasarelas. Pasa también por los trabajadores que deben desmontarlas mientras el río muestra una fuerza extraordinaria.

 

Desde el sentido común, la pregunta es inevitable: ¿qué costo tiene preservar una estructura si para hacerlo se expone a las personas que deben intervenir?

 

No contamos con información suficiente para afirmar que los operarios trabajaron fuera de las condiciones de seguridad previstas ni para determinar si existían alternativas menos riesgosas. Tampoco sería correcto hablar de negligencia sin pruebas. Pero precisamente por eso sería importante conocer cómo se organiza este procedimiento, con cuánta anticipación se inicia, qué medidas de protección se aplican y en qué momento las condiciones obligan a suspender las tareas.

 

Porque una cosa es realizar un trabajo preventivo antes de que la situación llegue a un punto crítico y otra muy distinta es tener que intervenir cuando la fuerza del agua convierte cada movimiento en una maniobra que parece extrema.

 

Las estructuras se reparan. Las vidas no se recuperan.

 

Las pasarelas tienen un valor económico, turístico y operativo. Su destrucción puede generar costos importantes y dejar sectores del parque fuera de servicio durante mucho tiempo. Evitar esos daños es razonable y forma parte de la responsabilidad de quienes administran la infraestructura.

 

Sin embargo, esa responsabilidad también incluye proteger a las personas encargadas de mantenerla.

 

Si el desmontaje preventivo permite reducir los daños y se realiza dentro de condiciones seguras, el procedimiento tiene una justificación clara. Si para completar la tarea es necesario asumir un riesgo excesivo, la discusión ya no puede limitarse al costo de los materiales ni a la conveniencia de preservar la estructura.

 

Las Cataratas del Iguazú son una maravilla natural, pero también un lugar donde la fuerza del agua impone límites que ninguna planificación puede ignorar. Por eso, la prevención debería contemplar tanto la protección de las instalaciones como la seguridad de quienes trabajan en ellas.

 

Las imágenes dejan una pregunta abierta. No para condenar a quienes realizan estas tareas ni para desconocer la explicación técnica, sino para poner en discusión una cuestión elemental: ¿se está haciendo todo lo posible para evitar que los trabajadores deban exponerse a semejantes condiciones?

 

Porque preservar las pasarelas importa. Pero ninguna estructura debería valer más que la vida de una persona.