El fenómeno, con características compatibles con un tornado, atravesó este viernes una franja rural entre Cruce Caballero, Alegría y Piñalito Sur. Murió un agricultor de 42 años, varias viviendas fueron destruidas y en Cemillera 2 productores reportaron la pérdida total de su producción. El episodio ocurre apenas cuatro días después de cumplirse 17 años del histórico tornado de Santa Rosa.
SAN PEDRO. Hay lugares donde el clima no se mide solamente en milímetros de lluvia o kilómetros por hora de viento. Se mide en chapas que aparecen a cientos de metros, en casas que dejan de ser casas, en galpones que desaparecen y, sobre todo, en el trabajo de años que puede quedar destruido en cuestión de minutos.
Eso es lo que vuelve a atravesar este viernes una parte de la zona rural de San Pedro.
Un fuerte fenómeno meteorológico, con características compatibles con un tornado, afectó durante el mediodía una franja comprendida entre Cruce Caballero, Alegría y sectores próximos a Piñalito Sur, provocando importantes daños materiales y dejando una víctima fatal.
Un agricultor murió tras ser arrastrada su vivienda
La víctima fue identificada como Demecio Monteiro, de 42 años, agricultor de la zona.
Según la información preliminar relevada en el lugar, la violencia del viento desprendió su vivienda y la arrastró hacia una plantación de yerba mate. El hombre murió como consecuencia del episodio.
La zona afectada se extiende desde Cruce Caballero, a la altura del kilómetro 1072 de la Ruta Nacional 14, en dirección hacia Piñalito Sur, sobre una franja estimada inicialmente en unos 300 metros.
El fenómeno provocó además la voladura de techos de al menos cinco viviendas, daños en otras construcciones, afectación del tendido eléctrico y dificultades en las comunicaciones en distintos sectores rurales.
Los relevamientos continúan y la magnitud definitiva de los daños todavía no pudo establecerse.
Cuando el viento también se lleva el trabajo de una familia
Pero detrás de las imágenes de casas dañadas hay otra realidad que quizás no siempre aparece en los primeros informes: la pérdida de la producción.
En la zona de Cemillera 2, de acuerdo con los primeros datos aportados desde el área afectada, al menos dos colonias habrían perdido la totalidad de su producción.
A eso se suma la destrucción de galpones, instalaciones productivas y viviendas.
Para una familia de la colonia, perder una plantación no significa simplemente perder un cultivo.
Significa perder meses y, muchas veces, años de trabajo.
Significa que el galpón donde se guardaban herramientas ya no está. Que la estructura levantada con esfuerzo quedó reducida a chapas y maderas. Que una casa que durante años fue refugio de una familia puede quedar inhabitable en cuestión de minutos.
Y significa también tener que pensar cómo volver a empezar.
En las próximas horas, con el avance de los relevamientos, se podrá conocer con mayor precisión cuántos productores, familias y hectáreas resultaron afectados.
Una escena que vuelve a despertar una memoria dolorosa
Hay una coincidencia temporal que resulta imposible ignorar.
El pasado 7 de septiembre, San Pedro recordó los 17 años del tornado de Santa Rosa, ocurrido el 7 de septiembre de 2009.
Aquel fenómeno es todavía una de las heridas más profundas de la historia reciente de la comunidad. El tornado que atravesó las colonias Santa Rosa y Tobuna dejó 11 personas fallecidas y más de un centenar de heridos, además de una enorme destrucción de viviendas, infraestructura y producción rural.
En aquel momento, los testimonios hablaban de casas literalmente desaparecidas, árboles arrancados y familias que habían perdido prácticamente todo.
Diecisiete años después, el calendario vuelve a colocar a San Pedro frente a una escena que, aunque diferente y de menor escala hasta el momento, tiene elementos que inevitablemente remiten a aquella tragedia.
No existe, por supuesto, una relación meteorológica entre ambos acontecimientos.
Pero la memoria de una comunidad no funciona de esa manera.
Cuando el viento vuelve a arrancar techos, derribar árboles y destruir viviendas en las colonias, quienes vivieron aquel 7 de septiembre de 2009 recuerdan.
¿Fue un tornado?
Por las características de los daños y la concentración de la destrucción sobre una franja relativamente definida, el fenómeno es considerado preliminarmente compatible con un tornado.
Sin embargo, la clasificación meteorológica definitiva requiere un análisis técnico.
Por eso, hasta contar con una evaluación oficial, resulta más prudente hablar de un fuerte temporal con características compatibles con un tornado, y no establecer todavía una categoría o intensidad determinada.
Lo que sí está confirmado por los relevamientos iniciales es la violencia del fenómeno y el impacto concreto que dejó sobre las familias rurales.
San Pedro vuelve a empezar
En San Pedro, las tormentas fuertes forman parte de una realidad conocida.
Pero cada temporal tiene rostros concretos.
Tiene el rostro de un agricultor que no volvió a su casa.
Tiene el de una familia mirando cómo recuperar un techo.
Tiene el de un productor que perdió su galpón.
Tiene el de una colonia que ve desaparecer su producción.
Y tiene también el de una comunidad que, apenas cuatro días después de recordar una de las mayores tragedias meteorológicas de su historia, vuelve a preguntarse cómo protegerse frente a una naturaleza que, en cuestión de minutos, puede cambiarlo todo.
El viento pasa.
La tormenta termina.
Pero para quienes quedaron detrás de esa franja de destrucción, la reconstrucción recién empieza.