Sonia Villalba afirma que el intendente Miguel Dos Santos le comunicó que no reconstruirán su vivienda y que debía permanecer con su suegro. Su familia había sido relevada después del temporal del 11 de septiembre y esperaba una respuesta habitacional.
Un mes después de perder su vivienda durante el tornado que golpeó Cruce Caballero, Sonia Villalba fue a la Municipalidad de San Pedro para preguntar cuándo comenzaría la reconstrucción que, según relata, le habían prometido. La respuesta que atribuye al intendente Miguel Dos Santos cambió esa expectativa: su casa no se construiría y debía vivir con su suegro.
La mujer permanece alojada con sus familiares junto con su esposo y sus dos hijas pequeñas. En el terreno donde estaba su hogar siguen los restos de la construcción: parte de la estructura fue arrastrada y las chapas desaparecieron. La posibilidad de regresar todavía no tiene una solución concreta.
Una promesa después del relevamiento
El tornado del 11 de septiembre de 2026 destruyó por completo la vivienda familiar. Sonia no estaba allí cuando ocurrió: había salido por una consulta médica y se encontraba en la casa de una familiar cuando recibió la noticia.
Después del temporal, personal municipal relevó los daños y la incorporó al registro de damnificados. Según su testimonio, tanto desde el Municipio como desde el Gobierno provincial le transmitieron que su casa sería reconstruida.
“Yo quedé tranquila, esperando que iban a hacer mi casa”, contó. Esa confianza explica por qué dejó pasar las semanas antes de acercarse a consultar. No esperaba iniciar un reclamo desde cero, sino conocer el avance de una respuesta que entendía comprometida.
La respuesta que recibió en la Municipalidad
Sonia sostiene que, cuando finalmente habló con Dos Santos, el intendente le manifestó que no harían su vivienda porque ya habían reparado el techo de la casa de su suegro y ella viviría allí.
La mujer asegura que nunca había acordado esa alternativa. Permanecer temporalmente bajo el techo de un familiar, explica, no significaba renunciar a recuperar su propio hogar.
La conversación no cuenta aquí con una declaración directa del intendente: la respuesta se conoce a través del relato de Sonia. Pero el resultado que describe es concreto: después del relevamiento y de la promesa, continúa sin una vivienda para su familia.
“La verdad que el mundo se me derrumbó todo, porque yo no tengo condiciones para volver a construir una casa nueva”, expresó.
Entre el anuncio oficial y la situación de la familia
El caso plantea una pregunta sobre el alcance de la afirmación provincial de que “fueron atendidas todas las familias que sufrieron daños materiales en sus chacras”. Haber recibido una visita, quedar incorporada a un registro o acceder a una ayuda puntual no equivale necesariamente a tener resuelta la pérdida total de una vivienda.
La Provincia habla de reconstrucción, mientras que Sonia afirma que la alternativa comunicada por el intendente fue instalarse en la casa de un familiar. Su situación obliga a distinguir qué comprende la atención anunciada y qué respuesta corresponde a quienes perdieron completamente su hogar.
Esa diferencia puede medirse en la vida cotidiana de una pareja y dos niñas que todavía dependen de alojamiento prestado.
También perdieron su fuente de ingresos
El daño alcanzó además al galpón y a la producción de tabaco, que Sonia identifica como el recurso económico de la familia. La pérdida redujo sus posibilidades de comprar materiales y reconstruir por sus propios medios.
Entre los restos quedaron muebles, cocinas y otros bienes que habían conseguido con esfuerzo. “No eran muchas cosas, pero eran las mías que perdí”, resumió.
La mujer reconoce la solidaridad de vecinos y personas de otras localidades, incluso de Brasil. También señaló que recibió una cocina a leña por parte de una autoridad provincial. Su reclamo distingue esas ayudas de lo que sigue pendiente: un lugar propio donde vivir.
La emergencia no termina con una entrega
Lonas, chapas, alimentos o muebles pueden responder a necesidades urgentes después de un desastre. Son recursos importantes, pero su entrega no demuestra por sí sola que una familia haya recuperado condiciones habitacionales estables.
Cuando una casa desaparece, la asistencia de emergencia es el comienzo de la respuesta. La solución definitiva requiere una vivienda habitable y certezas sobre cómo alcanzarla. Para Sonia y su familia, esa distancia entre ser atendidos y volver a tener un hogar continúa abierta.