Puerto Iguazú, un joven de 18 años y una menor de edad, volvieron a poner en primer plano una problemática de la que muchas veces se habla poco o solamente después de una tragedia. Pero los datos disponibles en Misiones muestran que el problema existe, tiene una dimensión concreta y exige mirar mucho antes del momento final.
La información publicada este martes por La Voz de Cataratas señala que ambos hechos ocurrieron en distintos puntos de Iguazú y que intervienen los organismos correspondientes para establecer las circunstancias de cada muerte. El medio decidió preservar las identidades y los detalles particulares de los casos, una decisión que también forma parte de una comunicación responsable cuando se informa sobre suicidio, especialmente cuando hay niños, niñas o adolescentes involucrados.
Pero hay algo que sí puede y debe hacerse después de una noticia de estas características: mirar el problema más allá del hecho puntual. Porque hablar de prevención no significa solamente explicar una muerte. Significa preguntarse qué sucede antes, qué señales pueden ser advertidas, quién escucha, quién acompaña, dónde se puede pedir ayuda y qué capacidad tienen las instituciones y la comunidad para intervenir a tiempo.
Los números oficiales de Misiones ayudan a dimensionar esa realidad. Un informe elaborado por el Instituto Provincial de Estadística y Censos (IPEC), en colaboración técnica con la Comisión para el Abordaje Integral del Suicidio (CAIS), registró 2.425 eventos vinculados al suicidio entre septiembre de 2024 y junio de 2026. De ese total, 1.353 fueron intentos, 823 ideaciones y 249 concreciones. Es decir, el registro provincial no comienza cuando una persona muere: también permite observar situaciones anteriores en las que todavía existe una oportunidad de intervención.
Hay otro dato que debería llamar especialmente la atención. La edad mediana de los eventos registrados en Misiones es de 24 años, mientras que el grupo de 12 a 17 años concentra la mayor cantidad de eventos. Esto no significa que el suicidio sea un problema exclusivamente adolescente ni que todos los casos respondan a las mismas circunstancias. El propio informe provincial advierte que se trata de un fenómeno complejo, multicausal y dinámico. Pero sí muestra que la adolescencia y la juventud tienen un lugar central cuando se piensa en prevención.
La diferencia entre intentos y concreciones también obliga a mirar el problema con otra perspectiva. Durante 2025, la tasa de intentos registrada por la CAIS fue de 70,1 cada 100.000 mujeres y 39,5 cada 100.000 varones. En las concreciones ocurrió lo contrario: 19,8 cada 100.000 varones frente a 4,3 cada 100.000 mujeres. No hay una explicación única detrás de esos números, pero sí una evidencia de que el fenómeno presenta comportamientos diferentes según las situaciones y los grupos involucrados.
La dimensión de las muertes también aparece en las estadísticas provinciales. El informe de mortalidad de Misiones registró 129 suicidios durante 2024, con una tasa de 9,81 muertes cada 100.000 habitantes. Además, esos fallecimientos representaron 4.953 años de vida potencialmente perdidos, con un promedio de 41 años por cada muerte.
A nivel nacional, el dato tampoco permite mirar hacia otro lado. Un análisis basado en estadísticas del Ministerio de Salud señala que desde 2022 el suicidio ocupa el primer lugar entre las causas de muerte de las personas de 15 a 24 años y que en 2024 volvió a ocupar ese lugar entre quienes tienen entre 25 y 34 años, desplazando a los accidentes de tránsito.
Por eso, cuando ocurre una muerte, la pregunta no debería ser únicamente qué pasó. También debería ser qué estaba ocurriendo antes y qué redes existían alrededor de esa persona.
Desde una mirada psicosocial, esto resulta fundamental. Una persona no vive aislada de su familia, sus amigos, su escuela, su trabajo, su barrio, sus instituciones y sus vínculos cotidianos. El sufrimiento puede expresarse de distintas maneras y no siempre aparece como un pedido explícito de ayuda. La prevención, entonces, también implica construir comunidades capaces de escuchar, registrar cambios, tomar en serio las expresiones de desesperanza y acercar a quien atraviesa una crisis a los dispositivos adecuados.
Eso no significa convertir a familiares, docentes, amigos o vecinos en profesionales de la salud mental. Significa reconocer que muchas veces son quienes primero pueden advertir que algo cambió y ayudar a que la persona llegue a una instancia de atención.
La propia política pública nacional plantea el suicidio como un fenómeno complejo y multicausal y señala la necesidad de estrategias de prevención, asistencia y posvención. La Ley Nacional 27.130 contempla además el acompañamiento de las personas que atravesaron un intento y de sus familias, así como la intervención posterior a una muerte para trabajar con el entorno afectado.
Y hay una cuestión que también merece ser discutida: hablar del suicidio no es lo mismo que hacer una cobertura irresponsable sobre un suicidio. Una cosa es difundir métodos, detalles o explicaciones simplistas. Otra muy distinta es informar que el problema existe, mostrar sus dimensiones, explicar dónde pedir ayuda y discutir qué herramientas de prevención existen. Las recomendaciones oficiales para medios justamente plantean evitar detalles sobre los métodos y las explicaciones reduccionistas, pero incorporar información sobre señales de alerta y recursos de asistencia.
Por eso no alcanza con acordarnos de la prevención cuando una tragedia vuelve a conmocionar a una comunidad.
La prevención tiene que empezar antes.
Antes de la urgencia. Antes del intento. Antes de que una familia tenga que preguntarse qué no vio. Antes de que una escuela se encuentre frente a una situación que no sabe cómo abordar. Antes de que un barrio vuelva a despedir a alguien demasiado joven.
Los datos de Misiones ya están mostrando una realidad que no necesita ser exagerada para resultar preocupante. Hay intentos, hay ideaciones, hay muertes y hay una concentración importante de eventos en edades jóvenes. También hay una estructura provincial que comenzó a registrar esos acontecimientos y que reconoce la necesidad de fortalecer los dispositivos territoriales, los sistemas de información, la prevención educativa y la posvención.
La discusión, entonces, no debería reducirse a si hay que hablar o no hablar del tema.
La pregunta es cómo hablamos.
Y, sobre todo, qué hacemos con lo que sabemos.
Porque si después de una tragedia solamente contamos cuántos fueron, llegamos tarde.
Si utilizamos esos hechos para mejorar la escucha, fortalecer las redes, facilitar el acceso a profesionales y acompañar a quienes están atravesando una situación de sufrimiento, entonces la información puede convertirse también en una herramienta de prevención.
Y eso también es hacer periodismo.
Si vos o alguien cercano atraviesa una situación de urgencia de salud mental, la Línea Nacional de Orientación y Apoyo en la Urgencia de Salud Mental atiende gratuitamente, de manera confidencial, las 24 horas: 0800-999-0091. En Misiones, el IPEC también informa la línea de atención del Instituto de Previsión Social 3765-481000 y el 911 ante emergencias.