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¿La estudiantina pierde fuerza en San Pedro? Nos estamos acostumbrando a verla desaparecer

La edición 2026 de la estudiantina dejó una imagen difícil de ignorar

¿La estudiantina pierde fuerza en San Pedro? Nos estamos acostumbrando a verla desaparecer

Una participación que parece estar entre las más bajas que se recuerden. Más allá de las dificultades económicas, lo ocurrido abre preguntas sobre el sentido de pertenencia, el compromiso de las autoridades y el lugar que ocupa hoy la cultura en la vida del pueblo.

 

Hay celebraciones que forman parte de la identidad de una comunidad. No solamente por lo que ocurre durante una jornada, sino por todo lo que se construye alrededor: los preparativos, los ensayos, las carrozas, la creatividad, el encuentro entre estudiantes y el acompañamiento de las familias. La Estudiantina de San Pedro supo ser todo eso. Por eso, la escasa participación de este año merece algo más que una explicación rápida o una resignación colectiva.

 

Es cierto que el contexto económico es complicado. Organizar una Estudiantina requiere recursos, tiempo y el compromiso de muchas personas. Pero San Pedro atravesó otras crisis y también tuvo que enfrentar momentos en los que parecía difícil volver a empezar.

 

La historia de la Estudiantina tiene un antecedente doloroso que marcó profundamente a la comunidad. Después de aquella tragedia que puso en discusión la continuidad de la celebración, hubo quienes consideraban que no debía volver a realizarse. Retomarla fue una decisión valiente de los propios estudiantes y de quienes los acompañaron. Había que volver a construir algo colectivo sin desconocer lo sucedido, encontrar una manera de seguir adelante sin borrar la memoria.

 

Con el tiempo, la celebración recuperó parte del brillo que supo tener. Y ese antecedente importa porque demuestra que las dificultades no siempre son el final de una historia. A veces, una comunidad decide sostener aquello que considera valioso, incluso cuando hacerlo implica enfrentar cuestionamientos y resistencias.

 

Por eso, la situación actual merece una mirada que vaya más allá de los costos y las dificultades de las escuelas. Una cosa es reconocer que hoy resulta más difícil organizar una celebración y otra, muy distinta, es dejar de preguntarnos qué lugar ocupa en la vida de San Pedro.

 

¿La Estudiantina sigue siendo una prioridad para los estudiantes? ¿Forma parte de las preocupaciones de las autoridades? ¿Existe un compromiso real por sostenerla como expresión cultural del pueblo o nos estamos acostumbrando a que tenga cada vez menos participación y presencia?

 

No se trata de desmerecer a quienes participaron este año. Al contrario, merecen reconocimiento. La pregunta es qué está pasando con el resto, qué condiciones encuentran los jóvenes para involucrarse y qué lugar ocupa hoy esta celebración en las escuelas y en la comunidad.

 

Porque la Estudiantina no era solamente un grupo de jóvenes tocando instrumentos. Era preparación, ensayos, carrozas, creatividad, trabajo compartido, encuentros entre colegios y familias acompañando. Era una forma de construir recuerdos, vínculos y pertenencia.

 

Si todo eso comienza a reducirse a una juntada de estudiantes que hacen batucada durante un rato, no alcanza con decir que la Estudiantina se realizó. Hay que preguntarse si estamos conservando aquello que le daba sentido o si estamos utilizando el mismo nombre para una expresión que ya no se parece a la que conocimos.

 

Y acá aparece otra contradicción: San Pedro tiene dos anfiteatros, uno a cada lado de la avenida 25 de Mayo, que podrían albergar actividades culturales, música, teatro, danza y encuentros comunitarios. Sin embargo, su aprovechamiento cultural parece muy limitado.

 

Una gestión municipal puede invertir en ladrillos, levantar escenarios y dejar obras terminadas. Pero construir un espacio no es lo mismo que construir una política cultural. Para eso hace falta lo fundamental: darle vida a esos lugares, generar propuestas, acompañar a quienes producen arte y sostener actividades durante el año.

 

¿Para qué tener dos anfiteatros si no conseguimos que formen parte de la vida cultural del pueblo? Dos playones con escenario no constituyen, por sí solos, una política cultural. Un escenario vacío es apenas una estructura. La cultura aparece cuando hay propuestas, participación y una comunidad que encuentra razones para reunirse.

 

La responsabilidad tampoco es exclusivamente municipal. Como sociedad, también tenemos que preguntarnos cuánto nos importa nuestra cultura, cuánto acompañamos a los adolescentes y cuánto espacio les damos para crear, organizarse y sentirse parte de algo colectivo. Muchas veces reclamamos que los jóvenes se involucren, pero ¿estamos dispuestos a acompañarlos de verdad?

 

Quizás el problema no sea solamente la Estudiantina, sino la dificultad para sostener espacios comunes, transmitir tradiciones y generar propuestas que convoquen a distintas generaciones.

 

No sabemos si estamos ante el comienzo del fin de la Estudiantina tal como la conocimos. Tampoco podemos afirmar, sin registros históricos, que esta haya sido la edición con menor participación. Pero la convocatoria observada despierta preocupación y sería un error esperar a que la celebración pierda todavía más fuerza para preguntarnos qué está pasando.

 

Recuperarla no significa obligar a los adolescentes a repetir las costumbres de otras generaciones. Significa ofrecerles condiciones para que puedan hacerla propia, transformarla y encontrar razones para participar. La cultura cambia, pero necesita escuelas que acompañen, autoridades que se involucren, espacios que tengan vida y una sociedad que entienda que las tradiciones no se sostienen solas.

 

Quizás la Estudiantina no esté desapareciendo de un día para otro. Quizás lo que está desapareciendo, de a poco, sea el interés colectivo por sostenerla.

 

Y si eso es lo que está pasando, el problema es mucho más grande que una edición con poca participación. Porque cuando un pueblo deja de darle vida a sus espacios culturales y pierde el interés por las celebraciones que supo construir, pierde también una parte de aquello que lo une y lo identifica.

 

La pregunta ya no es solamente qué pasó con la Estudiantina. La pregunta es qué San Pedro queremos construir y qué lugar estamos dispuestos a darle a nuestra cultura.